miércoles, 24 de agosto de 2011

Echarte de menos

Sucede que para variar te echo de menos, y creo que empecé a experimentar esto desde la primera vez que tus manos me tocaron. Y sé que te echaré de menos siempre, aunque siempre es demasiado. Hasta cuando me olvides creo que te seguiré echando de menos, aunque no lo entienda ni lo recuerde. Lo haré hasta que esta luna deje de alumbrar. Lo seguiré haciendo más allá de mi posibilidad de amar, a ti o a quien sea. Pero no sólo te echo de menos a ti, aunque te dedique esta parte. ¿ves cómo te echo de menos? me refiero, que creo que echo de menos a todas las sensaciones que he aprendido a disfrutar desde que te conozco. Ese cosquilleo que siento cuando sé que te voy a ver. Mi piel erizada con tus besos. Las ganas de innovar. Caminar por Santiago. Son cosas que no tienen que ver contigo, o no directamente, y quizá sí sea una locura, pero es tan bonito que me hace escribir esto, o será que hoy me haces más falta de lo normal y estoy sincera. Y estoy casi anesteciada porque creo que tu también me echas de menos. Esas cosas se saben, como sabrás algún día que lo hago por ti, a cada instante y en cada noche que abrazo la almohada. Echo de menos una de esas risitas tan tuyas o un beso de esos, que hace que se me despeguen los pies de la tierra y ni siquiera me acuerde de cómo volver a mi lugar. Aunque cuando lo explico así suena absurdo, absurdo sería pensar que no entenderás lo que trato de decirte.



m.

sábado, 2 de julio de 2011

Lo que sentí esa semi-noche

Estaba sentada con la mirada un poco desorbitada. Llevé mi cigarro a la boca, ya ni me acuerdo de la última vez que había fumado con tantas ganas, sé que había sido hace mucho al menos cuando aún creía en el amor. La noche empezaba a darle cabida al día cuando entendí que, al parecer, algo me pasaba con aquel tipo de personalidad deslumbrante. Fumé con prisa, uno, dos... Quizá hasta cuatro cigarros, no tuve tiempo de contarlos. Él estaba conversando con sus amigos y sentí miedo de que se me acercara, de que todo aquello que creí sentir pasara más allá de mi mente. Apareció a lo lejos con unos jeans claros y un polerón negro, con una cara de niño cuando quiere algo y con una excusa en la boca. Le dije que era probable que estuviera fuera de mis cabales y que no quería fumar más, me preguntó como unas cien veces si estaba aburrida, le dije algo así como que tenía sueño, y realmente lo único onírico era tenerlo a tan pocos pasos de mí. Quiso saber cuánto rato llevaba sentada en el auto, le mentí quitando unos diez minutos, suspiró como si estuviera más tranquilo al escucharlo, siempre estaba preocupado de que la pasáramos bien. De todos los días que estuve con él, nunca le había visto tan guapo, quizá fuera aquella semi-noche, un algo especial, o quizá fuera su olor. No lo sé, sólo sé que las miles de palabras que intercambiamos no me importaron demasiado. No dejaba de mirarle a los ojos... Debo haber sido muy notoria porque cuando se dio cuenta apartó la vista y sonrío con esa sonrisa que sólo él sabe regalar. No recuerdo el momento exacto en que el tiempo se paralizó, pero en cosa de segundos sentí su mano en mi nuca, noté sus labios y los míos como entrelazados, un escalofrío por todo el cuerpo y la sensación de que aquel beso mediría el resto de los besos de mi vida.



m.

miércoles, 15 de junio de 2011


A veces me gustaría poder borrar episodios, caras o simplemente lugares, mas todas esas cosas son las que hoy me definen como persona. No sería ni la mitad de lo que soy, si no fuera por todo lo vivido en estos veintiún años.

martes, 14 de junio de 2011

1/8 de mí

Para ser sincera, no me importa quién ve mi blog. Tampoco me interesa redactar cada palabra para que la puedan entender, ni mucho menos ocupar un vocabulario rebuscado y jurarme Neruda. Soy pésima en léxico y el que me conoce lo sabe. Sólo me dedico a escribir y cuando releo mis textos ni yo me la creo, pues la mayoría de las veces no entiendo de dónde saco tanta lesera junta. Soy una ciudadana de tomo y lomo coloquial, no filtro nada de lo que digo, pregunto todo lo que se me viene a la cabeza y después de mí no hay persona más enredada para hablar. Me cuestiono la existencia de todas las cosas que observo y también de las que no están a mi alcance, sí, mis dudas suelen aburrir y es que no puedo evitar querer saber lo que a otros ni siquiera les interesa. Me acuesto pensando qué sucede cuando se nos acaba el aliento, y diariamente analizo si será verdad que Dios tiene un plan para todos, lo analizo porque de no ser así se me erizan los pelos y siento cómo el pánico irrumpe en mi vida. Soy una fiel creyente de los extraterrestes y caigo en lo absurdo, tanto así que he llegado a trastornarme con el tema. Mi imaginación no tiene límites y lo pude comprobar a mis siete años cuando por primera vez tuve un amigo imaginario, se llamaba Rino y era un Rinoceronte morado. Lo dejé de ver por razones obvias... Ocupaba mucho espacio. También debo decir que no tengo nada de matemáticas en la piel, en ningún aspecto las sé aplicar, por lo mismo no soy cuadrada para pensar, no puedo, mi mente no me lo permite y siempre veo más de cinco dedos en una mano. Por otra parte, estoy a favor de las liberaciones sexuales. Me gustan los perros. Odio los gatos. Exagerada hasta decir basta. Hipocondríaca. Impulsiva e impaciente. Mantengo una profunda admiración por Dostoievski. Inevitablemente siempre creo que mi vida es una película o un libro, no sé, y la dramatizo al punto de no saber distinguir entre lo real y lo ficticio, es por eso que escribo, pues no podría sostener tanto en mi memoria, me frustraría y una vez más me terminaría pareciendo a la palabra melancolía.


m.


martes, 7 de junio de 2011

Me tardó

Sin duda mi pasatiempo favorito en este último tiempo ha sido perder mi tiempo contigo, de todas las maneras posibles. Lo perdemos de una manera tan natural que no tengo la impresión de gastar el tiempo.

Soy indudablemente más grande de lo que era cuando nos conocimos, pero no me refiero a mi tamaño. Me refiero a todo lo que tengo de ti también. Me tardó unos meses darme cuenta de que la textura de tu pelo es distinta a todas las demás, que el sonido de tu voz es indefinible porque créeme que he intentado describirlo. Tardé en saber que me gusta discutir contigo sólo porque me encanta que nos reconciliemos, en creer que cuando me dices te quiero es verdad. Tiempo en saber que no te gusta leer y que aún así me lees porque te intriga saber lo que pienso. Ahora sé que quizás no haya tacto que supere el tuyo, ni paciencia que supere la nuestra conjunta. Tiempo en ver la perfección de tus defectos, y que mi rabia es miedo a perderte. Y mira, pues partimos de la nada. Partimos de mi escepticismo y tus ganas de hacerme ver las cosas desde otro punto de vista, de mis ojos marrones oscuros y los tuyos de un extraño verde deslumbrante, de mi sueño más allá de las doce y de tu manía por despertar temprano aunque no hagas nada. Partimos de algo abstracto que fue tomando forma con el tiempo, algo abstracto que sin que sus pintores lo supieran fue creando un todo. Partimos de tus miradas pensativas y mi ruido constante. Y no nos hemos equivocado en ningún momento, y si ha sucedido lo hemos sabido tapar a la perfección. Y quizás nos equivoquemos hasta que duela. Y espero que vengas, me des un beso en el cuello y me recuerdes que no hay nadie más cursi que yo, y que eso te encanta.


m.

lunes, 16 de mayo de 2011

Dios sabe

No me busques con la intención de encontrar eso que crees que te falta. No me llames para escuchar el sonido de tu interior, eso sí que no va conmigo. No quiero que me ames sin amor, ni tampoco que me odies por odiar. No deseo que me anheles por necesidad y que te deshagas cuando me retiro. No quiero nada de eso, nunca me han gustado esas cosas. Nunca me ha gustado que me hagan sentir como la princesa que no perdió el zapato, esa que tenía el puesto listo al lado de su príncipe. Simplemente busco lo diáfano. Busco nuestros besos escondidos en la almohada. Busco escribirte sin escribirte, pues no escribir sería perderte. Busco que nos sintamos sin tocarnos, escucharnos sin oírnos y mirarnos aun sin tenernos cerca, empaparnos de miel porque se puede. Y sé que quizá pido mucho y no son más que fantasías que pienso los lunes en la tarde producto de mi agotamiento mental, pero no voy a perder la fe, no, no la perderé... Dios sabe de lo que estoy hablando.


m.