lunes, 24 de enero de 2011

Yo escribo mientras él descansa los ojos,
y una vez más nos perdemos en la no multitud.



lunes, 10 de enero de 2011

Me equivoco y soy feliz

En el 2008 fue la primera vez que puse los dos pies, firmemente, fuera de mi hogar. Había salido del colegio el año anterior, y con tan solo diecisiete años decidí que quería estudiar Psicología. Recuerdo como si fuera ayer las palabras sabias de mi madre, diciéndome que quizás era recomendable darme un año para “madurar”, pero en mis arrebatos de volverme luego una estudiante de educación superior, escuché sólo a mi conciencia repitiéndome una y otra vez que era hora de cortar el cordón umbilical. Y así, con un puntaje mediocre mi papá me fue a matricular a la Universidad del Desarrollo. No sabía cómo era la malla, el ambiente, ni mucho menos dónde quedaba, me dejé guiar totalmente por amigas que también iban a entrar a estudiar ahí. Como es de esperar, mi poca madurez me mandó rápidamente a poner los dos pies dentro de mi casa. No me gustó la carrera, por lo que duré sólo un año y a eso hay que agregarle que vivir sola fue un balde de agua fría. Ya no tenía a nadie a mi lado levantándome en las mañanas, esperándome con un rico almuerzo y lo más importante, aterrizándome.

Al salirme de la Universidad, me quedé en Rancagua todo ese 2009 haciendo preuniversitario tratando de orientarme, pues realmente no sabía qué quería para mi futuro. Y así fueron pasando los días, meses, hasta que una mañana cualquiera la ampolleta se me iluminó y descubrí que lo que más anhelaba era escribir. Di la Psu, nuevamente, y con una mentalidad totalmente reparada me matriculé en Periodismo en la Universidad Diego Portales.

A pesar de todas mis equivocaciones, debo decir que mi paseo por el estudio del ser humano me sirvió bastante, si no hubiese entrado a Psicología, nunca me habría dado cuenta de que no era lo mío, ni mucho menos se me habría pasado por la cabeza entrar a una carrera relacionada con las comunicaciones. Ahora me encuentro feliz, haciendo lo que realmente me apasiona y terminando mi primer año, sentada en la sala de computaciones, dando el examen de mi ramo favorito (y no es broma), Técnicas Narrativas.



m.

sábado, 8 de enero de 2011

Dime que yo

- ¿Qué queréis las mujeres? ¿Qué queréis?

- Queréis putos supermanes. Queréis tíos fuertes pero que tengan tilín. Que tengan pinta de atormentados pero que sean graciosos. Os gustan poetas pero brutos. Queréis que sean constantes pero que sepan sorprender. Queréis que sean sinceros pero que conserven el misterio. Que estén locos por vosotros pero que pasen de vuestro culo. Queréis que sean guapos pero que la belleza no importe. Que tengan un buen rabo pero que el tamaño de igual. O sea joder!

- Queréis superhéroes del equilibrismo!

- Queréis que tengan la capacidad de abrirnos el cielo en un momento pero solo para nosotros. Queréis que no tengan secretos, pero que también sean como desconocidos cada vez para que luego podáis sentir las putas hormiguitas en el estómago. Lo queréis todo coño… todo!

…

- Básicamente quiero que me haga sentir que no estoy desaprovechando mi vida porque es muy corta. Quiero que me abra las piernas, no el cielo… pero que lo haga cada noche. Quiero que sepa mentirme, quiero que no me importen sus mentiras porque deja su alma cuando está conmigo. Quiero que sea generoso porque puede, no por obligación. Quiero que tenga sangre en las venas. Quiero que me quite lo puta que soy cuando lo abandono. Quiero un poco de épica. Quiero que le de igual lo que hago cuando no estoy con él, porque sabe que no voy a encontrar a nadie mejor. Quiero que me tiemblen las rodillas cuando me agarra la nuca. Quiero que la tenga bien grande y que el tamaño sí importe.



Cortometraje: Dime que yo- Mateo Gil.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Trip



Me sorprende haberme convertido por un largo período en una persona con repudio a la realidad. Quería despegar, y traer todo lo onírico de una vez por todas a mi vida cotidiana, estaba segura de que así iba a poder aclararme completamente, pues nunca recuerdo lo que sueño y sin duda mis mejores ideas las tengo guardadas con candado en mi inconsciente. Así que sin darle más vueltas al asunto emprendí el mejor viaje de mi vida. Mis pies y alma flotaban, y como si fuera poco, volví a sentir el cosquilleo del primer orgasmo de una mujer virgen. Todo fue sucediendo lentamente. Y más allá de las incontables figuras que veía en el horizonte y las lágrimas que me caían de felicidad, lo que amé de ese eterno viaje fueron las puertas que me abrió el cielo. Ya no busqué más respuesta, las tenía ahí, en mis manos. El mundo me gritaba que estaba en el camino correcto y que debía seguir disfrutando de cada respiro pequeño que me regalaba Dios. No sé, fue tan extraño, sabes, pues solo unas horas antes había dudado de todo lo que me habían enseñado desde pequeña, había dudado hasta de lo más atómico, pero esos colores fluorescentes me hicieron recordar la creación, ni siquiera existía en esos momentos y algo me decía que así mismo había sucedido. Rayos, fui tan feliz que aunque ya no siento nada de lo que experimenté en aquel instante todavía me siguen cayendo lágrimas de emoción, nunca nada me había inflado tanto el pecho, y es que suelo ser impulsiva, vengativa e hiriente, pero algo me quedó grabado y espero no olvidarlo jamás; Quiero estar tranquila y encontrar la paz mental. Como dijo mi amiga Constanza "Esto no tiene nada que ver con ellos ni con nadie, es algo completamente tuyo" y así es. Me costó 21 años darme cuenta de que todo lo que creía que me iluminaba, me estaba apagando.




m.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Que se detenga el tiempo

Quiero que se detenga el tiempo y que mis suspiros ya no sean desperdicios para el aire. Quiero parar todo. Que los autos no avancen, que la gente se congele y así, de a poco, poder sentirme mejor. Y cuando todo vuelva a la normalidad, cuando el mundo nuevamente comience a girar, estar preparada y con el pecho bien inflado gritar que todas mis penurias, recuerdos y besos de primavera, verano, otoño e invierno se los llevó el reloj. Quizás me gusta soñar y dentro de mis fantasías imagino que tengo toda una vida para olvidarte y que nadie me apresura, pues el mundo me estará esperando sin cambios aparentes. Sin embargo, la realidad es otra en donde sé que no me puedo pasar todos mis años extrañándote y creyendo en los cuentos de hadas. Las estaciones están corriendo, el año pronto acabará y aunque sé que voy contra la marea, creo que me daré el tiempo de echarte de menos trecientos sesenta y cinco días más.


m.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Haces

Haces que me entren ganas de despegarme del suelo. De que nunca más me encuentren, de no estar nunca localizable. Ganas de saltarme todos los momentos incómodos que me faltan por vivir. Evitar cada sonrisa irónica que me obliguen a dar. Haces que me entren ganas de no aceptar nunca un sueldo y decirles que no quiero que me paguen por vivir. Pero para eso me tienen que entrar antes ganas de irme, lejos de aquí y lejos de cualquier parte, donde tú me encuentres sin que diga nada, no hará falta. Haces que me entren ganas de parar el reloj, de impedir el paso del tiempo, de congelar mis momentos, nuestros momentos. Que quiera ir lentamente y a la vez que sea imposible ir más rápido. Que mi corazón lata siempre como si fuera a paralizarse, que me falte el aire, que me sobren ganas de todo. Haces que me entren ganas de conocerte, es que hace mucho que no le escribo a nadie, y me temo que esta vez tampoco.



m.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Escribo

Escribo porque sino lo hago me volvería loca. Hay algo dentro de mí que me impulsa a hacerlo, algo que me quita un poco el aire si me niego. No lo hago para que la gente me entienda, ni para que busquen semejanzas con sus vidas. Escribo porque es lo que mejor hago, y aún así lo hago mal. Lo hago porque mis dedos han aprendido a escribir palabras que mi alma tenía olvidadas. Escribo para saber qué es lo que siento y cuál es mi estado anímico. No lo hago para que me elogien, ni para que subrayen mis frases. No lo hago para sentirme bien, pero sí porque sino lo hago me siento peor. Escribo porque sino en mi cabeza las frases no me dejan respirar. Escribo intentando ordenar mis pensamientos. Empecé a hacerlo porque me faltaba leer algo que reflejara realmente lo que soy. Intento escribir algo que de verdad me gustaría leer, por eso soy mi crítica número uno. Escribo cosas constantemente, aunque no siempre tengo tantas que decir. Escribo para aplazar el dolor, o para recordarlo. Para enamorarme. Sonreír. Olvidar. Lo hago porque la realidad suele desagradarme. Escribo para dejar sobre un papel los detalles que otros suelen olvidar. Lo hago para entenderme a mí misma, para sentirme menos incomprendida.

Escribo para dejar de tener una cabeza con tantos cachureos.



m.